Durango: tierra de votos, no de beneficios

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VICEVERSA

Saúl Macías

En Durango, la política no se ve como en los spots ni se vive como en los discursos del centro del país. Aquí, las elecciones del 2 de junio no solo definirán quién gobierna los municipios: también exhiben el estado real de nuestra democracia. Morena, el partido en el poder, llega desgastado. Aunque domina el panorama nacional, en Durango muestra divisiones internas, candidatos que no conectan y decisiones tomadas desde Ciudad de México, como si este estado fuera una extensión sin voz propia. La figura del doctor José Ramón Enríquez, un candidato sin raíces firmes en el movimiento, representa esa lógica: puesto no por convicción, sino por estrategia.

Además, Durango enfrenta una desconexión con los beneficios que el gobierno federal sí entrega con fuerza en otras regiones. En estados como el Estado de México, los apoyos sociales son constantes y claros: mujeres mayores reciben $3,000 bimestrales, estudiantes acceden a becas de hasta $5,800, y los adultos mayores cobran $6,200 cada dos meses. Todos saben cuándo y cuánto. En Durango, en cambio, muchas personas apenas han escuchado de estos programas, y pocos saben cómo acceder a ellos. El apoyo institucional es mínimo, la información es escasa, y la sensación de abandono es real.

A esto se suma la figura de Andy López Beltrán, hijo del presidente, quien opera políticamente en el estado sin haber sido elegido por nadie ni conocer el territorio de primera mano. Su presencia responde más a una lógica de poder heredado que a una estrategia local con sentido. Su intervención desde arriba solo refuerza la distancia entre el partido y la gente. Y si la política se maneja como un tablero de ajedrez desde el centro, sin escuchar a quienes viven en la periferia, el resultado es una desconexión total.

Durango es más que una elección municipal: es una advertencia. Lo que pasa aquí puede anticipar el rumbo de otras regiones. Un país donde los programas federales no llegan parejo, donde el miedo pesa más que las propuestas, y donde los partidos olvidan escuchar a la gente, es un país que está fallando en lo más básico. Para entender México, a veces no hay que mirar al centro: hay que escuchar lo que ocurre en los márgenes. Y Durango, hoy, está hablando claro.

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