Edna Alemán
Durango, Dgo.- La fundación de la ciudad está ligada a una expedición en busca de riquezas, la creación de la Nueva Vizcaya y la presencia de antiguos asentamientos como San Juan Bautista de Analco.
Una de las historias más curiosas de Durango comenzó con la búsqueda de una montaña de plata.
Todo comenzó en 1552, cuando el capitán español Ginés Vázquez de Mercado llegó al Valle de Guadiana siguiendo el rumor de que existía una enorme montaña rica en plata.
Pero cuando llegó, descubrió que no era plata, sino hierro.
Aquella expedición terminó en fracaso y el cerro terminó llevando el nombre de su descubridor: Cerro de Mercado.
Lo curioso es que aquello que parecía una decepción terminó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos mineros de Durango.
Pero aquí comienza otra parte de la historia. En 1562, Francisco de Ibarra fue nombrado gobernador y capitán general del territorio conocido como Nueva Vizcaya.
Era un territorio enorme que comprendía buena parte del actual norte de México.
Y un año después, el 8 de julio de 1563, Ibarra fundó oficialmente la Villa de Durango, en el Valle de Guadiana.
Muy cerca de donde se estableció la Villa de Durango ya existía el pueblo de San Juan Bautista de Analco, relacionado con una misión franciscana.
El INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), señala que Analco fue una congregación indígena que posteriormente se convirtió en uno de los barrios históricos de la ciudad.
Por eso, cuando caminamos hoy por sus calles, estamos caminando sobre una parte fundamental de los primeros capítulos de la historia de Durango.
¿Y por qué se llama Durango?
El nombre fue tomado de Durango, en Vizcaya, España, lugar relacionado con el origen de Francisco de Ibarra.
De hecho, el INEGI registra distintas interpretaciones sobre el significado del nombre en lengua vasca, entre ellas una relacionada con un lugar bajo, llano y fértil, rodeado de montañas y regado por un río.
Así que nuestra ciudad tiene una historia que mezcla exploraciones, rumores de riquezas, pueblos indígenas, misiones franciscanas y la expansión española hacia el norte.
Y aunque aquella montaña de plata nunca apareció, el supuesto fracaso de Ginés Vázquez de Mercado terminó formando parte de la identidad de una ciudad que hoy tiene más de 460 años de historia.
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