Edna Alemán
Durango, Dgo.- Mucho antes de que los refrigeradores eléctricos llegaran a los hogares de Durango, existía una ingeniosa forma de conservar los alimentos y mantener el agua fresca. Hace casi 400 años, los habitantes aprovechaban elementos tan sencillos como el agua, la piedra y la arquitectura para crear espacios que funcionaban como una especie de refrigerador natural.
El sistema se encontraba en antiguos cuartos fríos, algunos de ellos construidos de manera semisubterránea y con gruesos muros de piedra y cantera. Su diseño permitía aprovechar las condiciones del lugar para mantener temperaturas más frescas en el interior, algo especialmente útil durante las temporadas de calor.
La clave de este sistema estaba en una acequia. El agua llegaba hasta la propiedad y era conducida hacia un cuarto construido especialmente para este propósito. Una vez dentro, recorría el interior de sus paredes, ayudando a mantener la piedra fresca, y posteriormente continuaba su recorrido hasta salir nuevamente hacia las huertas.
El movimiento constante del agua permitía generar un ambiente más fresco sin necesidad de electricidad, motores o máquinas. Se trataba de una forma de refrigeración natural basada en el aprovechamiento del agua y de las características constructivas del inmueble.
Estos espacios tenían una función práctica: servían para mantener agua potable y conservar alimentos en una época en la que no existían los electrodomésticos que hoy forman parte de la vida cotidiana.
En 1634, el jesuita Diego de Espíndola dejó por escrito una descripción relacionada con el funcionamiento de este sistema de enfriamiento.
El lugar donde estaba ubicado este sistema era en la Hacienda de San Isidro de La Punta, una de las antiguas haciendas de Durango, ubicada a 30 kilómetros de la ciudad, en dirección a Nombre de Dios.
Lo que hace especialmente llamativa a esta historia es que uno de aquellos antiguos cuartos fríos todavía se conserva en el sitio. Casi cuatro siglos después, la construcción permanece como testimonio de los conocimientos y soluciones que se utilizaban para enfrentar el calor y conservar alimentos mucho antes de la llegada de la refrigeración eléctrica.
En una época en la que conservar los alimentos podía representar todo un desafío, el ingenio estaba en aprovechar los recursos disponibles. Agua, piedra y arquitectura fueron suficientes para crear un sistema que siglos después, sigue sorprendiendo por su sencillez y funcionalidad.
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