En la comunidad serrana de Vencedores, ejidatarios luchan contra el gusano descortezador, una plaga que está matando miles de árboles y que, aseguran, se ha agravado por el cambio climático y la falta de apoyo.
EUSKERA
Vencedores, Dgo.- En San Dimas Durango se encuentra un pequeño poblado rodeado de bosque, Vencedores, con cerca de 80 años de historia y una tradición que ha pasado de generación en generación: el trabajo forestal.
Hoy ese bosque enfrenta uno de los mayores problemas que se recuerdan en décadas.
No se trata de incendios forestales ni de tala ilegal. El enemigo es el gusano descortezador.
Aunque su nombre lo describe como un gusano, en realidad es un pequeño escarabajo. Este insecto entra en la corteza de los árboles y deja sus larvas.
Con el paso de los días, estas se reproducen dentro del tronco y comienzan a alimentarse del árbol desde el interior, hasta secarlo por completo.
Los ejidatarios explican que cuando un árbol ya está infectado es prácticamente imposible salvarlo.
“Ese árbol aunque se vea verde ya está perdido”, explicaron.
El daño ocurre por dentro, donde las larvas destruyen los conductos por los que el árbol transporta sus nutrientes.
Por esa razón, la única forma de evitar que la plaga se siga extendiendo es derribar el árbol y quemarlo.
Los propios trabajadores del bosque estiman que tuvieron que talar cerca del 60 por ciento del arbolado para detener el avance del insecto. Tan solo en
ese punto calculan que alrededor de 40 hectáreas resultaron afectadas. El problema se ha intensificado en los últimos años.
Antes, en esta región de la sierra era común que cayeran hasta seis o siete nevadas cada año. La nieve y las bajas temperaturas ayudaban a controlar la
plaga, porque impedían que el insecto sobreviviera al invierno.
En Vencedores no cae nieve desde el año 2020. Los inviernos son más cortos y las temperaturas son más altas, lo que permite que el gusano descortezador se reproduzca con mayor rapidez.
A esto se suma otro problema, la falta de apoyo para enfrentar la plaga. Ejidatarios y brigadistas aseguran que, aunque hacen esfuerzos para cortar y quemar los árboles infectados, el avance del insecto es más rápido que las acciones para detenerlo.



Por ello, desde esta comunidad serrana hacen un llamado a las autoridades para que se destinen más recursos y brigadas de atención.
De lo contrario, advierten, el daño podría seguir creciendo y provocar la pérdida de grandes áreas del bosque de Durango, uno de los más importantes del país.
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