Antes los muertos se enterraban dentro de las iglesias o en sus atrios
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En la historia de Durango, los cementerios no siempre ocuparon los espacios apartados que hoy conocemos. Durante la época colonial y buena parte del siglo XIX, las sepulturas se realizaban dentro de los templos o en sus atrios, práctica común que respondía tanto a creencias religiosas como a la falta de reglamentos sanitarios. Con el paso de los años, el crecimiento urbano y las reformas impulsadas por el gobierno civil transformaron por completo la manera de sepultar a los difuntos y el lugar que ocupan en la ciudad.

El ejemplo más representativo de esta transición es el Panteón de Oriente, considerado el primer cementerio civil de Durango. Fue fundado en 1860 sobre un terreno de veinte hectáreas donado por el hacendado Juan Nepomuceno Flores. Antes de su creación, los entierros se concentraban en los templos más antiguos, como el de San Francisco, donde hoy se levanta un conjunto habitacional en el corazón del centro histórico. Otro caso similar fue el panteón del templo de Santa Ana, conocido como “el panteón de los pobres”, cuyos terrenos también fueron fraccionados y convertidos en viviendas.
El crecimiento de la población y los problemas de salubridad llevaron a las autoridades religiosas y civiles a buscar nuevos espacios fuera del área urbana. La fundación del Panteón de Oriente respondió precisamente a esa necesidad. Su primera tumba data de 1864 y cuatro años más tarde, comenzaron a edificarse los primeros mausoleos cerca de la entrada principal.

El recinto adquirió especial relevancia cultural y artística con la obra del escultor y arquitecto Benigno Montoya, quien dejó una amplia colección de ángeles, capillas y monumentos tallados en piedra bajo el estilo neogótico. Su legado fue tan importante que en 2002 se creó el Museo de Arte Funerario Benigno Montoya, con el propósito de preservar las más de setecientas piezas que conforman el acervo histórico del lugar.
No todos los panteones tuvieron la misma suerte. Algunos desaparecieron bajo la expansión urbana o fueron trasladados por motivos sanitarios. Entre ellos se encuentran los panteones de epidemias del siglo XIX, como el de los presos, ubicado originalmente en la colonia Acereros, y otro en la colonia Luz del Carmen, detrás del Cerro de Mercado.
El paso del tiempo cambió la manera en que Durango convive con sus muertos. Lo que antes eran espacios sagrados en torno a las iglesias, hoy se encuentran, en muchos casos, bajo calles, viviendas o complejos habitacionales, como el caso del Multifamiliar.

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