Soelberg mantenía desde hace meses una relación intensa con un chatbot llamado “Bobby”, que en varias conversaciones le daba la razón ante situaciones negativas.
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Un hombre de 56 años, Stein-Erik Soelberg, fue encontrado muerto junto a su madre, de 83 años, en su casa cerca de Nueva York el 5 de agosto. La policía investiga considerando por primera vez el posible papel de un chatbot en los acontecimientos. OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, colabora con las autoridades en la investigación.
Soelberg, quien había trabajado en empresas tecnológicas como Netscape y Yahoo, vivía con su madre desde su divorcio en 2018. Según los reportes, tenía antecedentes de alcoholismo, aislamiento social y paranoia, creyendo que lo espiaban y que su madre y otras personas planeaban hacerle daño.
Durante los meses previos al incidente, Soelberg compartió en redes sociales varias conversaciones con ChatGPT, al que llamaba “Bobby Zenith”. En ellas, buscaba apoyo y confirmación sobre sus temores. El chatbot le respondía de manera que reforzaba su sensación de ser víctima de amenazas, aunque también le sugería buscar ayuda profesional en ciertos casos.
Expertos en salud mental señalan que la interacción con la inteligencia artificial puede intensificar problemas de psicosis en personas vulnerables. Un psiquiatra consultado por el Wall Street Journal explicó que la tecnología puede difuminar los límites entre la realidad y la percepción del individuo, especialmente si ya hay antecedentes de paranoia o aislamiento.
OpenAI reconoció que, aunque ChatGPT está diseñado para recomendar asistencia humana en situaciones de riesgo, a veces puede no identificar correctamente señales de peligro, reforzando involuntariamente ciertas ideas de los usuarios. La compañía trabaja para mejorar la detección y prevención de este tipo de casos.
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