Organillero mantiene viva una tradición familiar en las calles de Durango

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Marco lleva más de una década dedicado al organillo y cada año llega a Durango para compartir este oficio con los ciudadanos.

Emmanuel García V.

Durango, Dgo.- Entre las calles de Durango se mantiene viva una tradición que llegó a México hace más de un siglo, el oficio del organillero. Marco, originario de la Ciudad de México, recorre distintos estados del país con su organillo para compartir esta actividad con las nuevas generaciones.

El organillo es un instrumento musical mecánico que funciona mediante un sistema de manivela y cilindros o mecanismos internos que producen melodías. El oficio del organillero consiste en recorrer las calles y espacios públicos para interpretar música con este instrumento, una tradición que forma parte de la cultura popular mexicana.

Marco explicó que la tradición del organillo tiene sus orígenes en Alemania y posteriormente llegó a México durante el periodo de Porfirio Díaz. De acuerdo con su relato, con el paso de los años esta actividad se convirtió en una tradición que ha pasado de generación en generación.

Lleva más de 10 años dedicado al oficio y explicó que su relación con el organillo comenzó dentro de su propia familia. Sus abuelos y su padre también se dedicaron a esta actividad, por lo que decidió continuar con una tradición que forma parte de su historia familiar.

Desde hace seis años, Marco visita Durango de manera recurrente. Cada año permanece entre dos y tres meses en la entidad, antes de continuar su recorrido por otros estados del país.

Durante su estancia, se instala en diferentes puntos de la capital duranguense para mostrar su oficio y compartir algunas melodías con quienes transitan por las calles. Señaló que los ciudadanos de Durango los han recibido de buena manera durante sus visitas.

Su recorrido también incluye entidades como Colima, Sinaloa, Querétaro, Oaxaca y Puebla, entre otros lugares que visita a lo largo del año.

Sin embargo, señaló que actualmente resulta más complicado vivir de este oficio debido a las condiciones económicas y a los cambios en la forma en que las personas interactúan en las calles.

“Ya las personas no apoyan con monedas como antes. Cuando estamos en los semáforos, muchas personas utilizan el celular y ya no se fijan en lo que pasa a su alrededor”, relató Marco.

En la Ciudad de México, esta tradición cuenta con reconocimiento como patrimonio cultural, mientras que organilleros como Marco continúan llevándola a otros lugares del país, donde buscan que las nuevas generaciones conozcan el oficio y su historia.

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