La biblioteca del Cerro del Calvario: Un refugio de la memoria de Durango.

Edna Alemán.

Durango, Dgo.- En lo alto del Cerro del Calvario, entre sus muros y estantes, se encuentra un lugar que durante generaciones ha resguardado buena parte de la memoria documental de Durango: la Biblioteca Central Pública del Estado “Lic. José Ignacio Gallegos Caballero”.

Para miles de estudiantes, esta biblioteca fue mucho más que un sitio para consultar libros. Fue un espacio de descubrimiento, aprendizaje y encuentro con el conocimiento, especialmente en una época en la que buscar información significaba recorrer los estantes, consultar enciclopedias y pasar las páginas de un libro, mucho antes de la llegada de Google, Wikipedia y los teléfonos inteligentes.

Los antecedentes de esta biblioteca se remontan a 1853, cuando el Gobierno de Durango adquirió la colección particular del historiador José Fernando Ramírez, uno de los personajes más importantes de la historiografía mexicana.

Con el paso de los años, la biblioteca fue creciendo mediante la incorporación de nuevas colecciones y materiales, hasta convertirse en un importante espacio para la conservación y consulta de documentos relacionados con la historia y la cultura de Durango y de México.

Uno de sus principales tesoros es su fondo antiguo, que reúne libros y documentos de considerable valor histórico, además de otros materiales antiguos vinculados con la literatura mexicana.

En 1985, la biblioteca llegó al inmueble que actualmente ocupa, en la cima del Cerro del Calvario. El edificio fue hecho para albergar sus colecciones y ofrecer un espacio dedicado a la consulta, el estudio y la promoción de la cultura. Desde entonces, generaciones de estudiantes han recorrido sus pasillos.

Las escaleras del Cerro del Calvario fueron, para varias generaciones, el camino hacia libros, enciclopedias y documentos que permitían conocer otros lugares, otras épocas y otras historias.

Esta Biblioteca representa una parte de la historia cultural de Durango y del esfuerzo de distintas generaciones por conservar el conocimiento escrito.

Hoy, sus estantes continúan guardando historias que comenzaron a escribirse hace siglos.

Y mientras alguien vuelva a subir las escaleras del Cerro del Calvario, tome un libro y abra sus páginas, esa memoria seguirá encontrando una nueva generación dispuesta a descubrirla.

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